Día Nacional de la Enfermedad Celíaca 2025: entendiendo las carencias nutricionales más comunes y cómo abordarlas
Vivir con celiaquía implica mucho más que evitar el gluten. Aunque la base del tratamiento es estrictamente dietética, quienes padecen esta enfermedad autoinmune deben también prestar atención a un aspecto menos visible, pero profundamente importante: las deficiencias nutricionales. Mañana, 27 de mayo, se conmemora el Día Nacional de la Enfermedad Celíaca 2025, por lo que es prioritario reafirmar que estas carencias no son únicamente el resultado de una dieta libre de gluten mal planificada, sino también una consecuencia directa del daño que el gluten provoca en el intestino delgado, impidiendo una correcta absorción de nutrientes esenciales.
Cuando una persona con celiaquía consume gluten, incluso en pequeñas cantidades, su sistema inmunitario reacciona provocando inflamación y atrofia en las vellosidades intestinales, que son las estructuras encargadas de absorber los nutrientes de los alimentos. Este deterioro puede prolongarse durante meses, incluso después de eliminar el gluten de la dieta, lo que explica por qué muchos pacientes celíacos siguen experimentando deficiencias nutricionales aún después del diagnóstico.

Deficiencias nutricionales más comunes
Entre las deficiencias más frecuentes se encuentran las de hierro, calcio, vitamina D, ácido fólico, vitamina B12, zinc y magnesio, como aparece en un estudio científico publicado este pasado mes de febrero. La anemia ferropénica (por falta de hierro) es una de las manifestaciones más comunes y a menudo es la primera pista que lleva al diagnóstico. El calcio y la vitamina D, por su parte, son fundamentales para la salud ósea, y su déficit puede derivar en osteopenia u osteoporosis, sobre todo si la celiaquía no se detecta en fases tempranas. Las vitaminas del grupo B, especialmente el ácido fólico y la B12, son esenciales para la producción de glóbulos rojos, la función neurológica y el metabolismo celular. Su deficiencia puede ocasionar fatiga, alteraciones cognitivas o neuropatías.
Afortunadamente, una vez diagnosticada la enfermedad y retirada completamente la exposición al gluten, el intestino comienza a sanar, lo que permite mejorar progresivamente la absorción de nutrientes. Aun así, durante el proceso de recuperación, es fundamental prestar atención a la calidad de la alimentación.
Vitamina B12
Los alimentos naturalmente libres de gluten son los principales aliados en este camino. Las carnes magras, los pescados, los huevos y los lácteos son excelentes fuentes de proteínas, hierro, calcio y vitamina B12. Las legumbres, como las lentejas, los garbanzos y los frijoles, además de ser ricas en hierro y zinc, aportan fibra y carbohidratos complejos. Los vegetales de hoja verde oscuro, como las espinacas o el kale, son valiosos por su contenido en folatos, calcio y magnesio. Las frutas, los frutos secos y las semillas también cumplen un papel crucial: los cítricos, por ejemplo, no solo aportan vitamina C, sino que ayudan a mejorar la absorción del hierro de origen vegetal.

Es importante tener presente que muchos productos procesados sin gluten, si bien son seguros desde el punto de vista inmunológico, no siempre son nutricionalmente equilibrados. Algunos contienen altos niveles de azúcar, grasas saturadas o harinas refinadas, lo que puede llevar a una dieta pobre si se consumen de forma habitual. Por eso, lo ideal es construir una alimentación basada en productos naturales y lo menos industrializados posible.
Suplementos, ¿sí o no?
En determinados casos, especialmente si las deficiencias son importantes o persisten a pesar de la dieta, puede ser necesario recurrir a suplementos. Los más habituales incluyen hierro, vitamina D, calcio y vitaminas del complejo B. Siempre deben ser indicados y supervisados por un profesional de la salud, ya que no todos los suplementos son iguales y algunos pueden contener trazas de gluten.
El problema de los niveles bajos de zinc
El zinc es un mineral esencial para la salud humana que participa en más de 300 reacciones enzimáticas en el cuerpo. Su presencia es fundamental para el funcionamiento del sistema inmunológico, la cicatrización de heridas, la síntesis de ADN y proteínas, el crecimiento y desarrollo durante la infancia, y la percepción del gusto y el olfato. Además, desempeña un papel importante en la salud de la piel, el equilibrio hormonal, la fertilidad y la función cognitiva.
Cuando los niveles de zinc son bajos, pueden aparecer signos como debilidad inmunitaria, retraso en la cicatrización, pérdida de apetito, caída del cabello, lesiones cutáneas, problemas en el crecimiento en niños, e incluso trastornos del estado de ánimo.
Alimentos más ricos en zinc
Existen muchos alimentos que son excelentes fuentes naturales de zinc, tanto de origen animal como vegetal. Aquí algunos de los más destacados:
De origen animal (mejor biodisponibilidad):
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Ostras: Son los alimentos más ricos en zinc. Una sola porción puede cubrir varias veces la cantidad diaria recomendada.
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Carnes rojas (res, cordero, cerdo): Especialmente el hígado, son fuentes concentradas de zinc de alta absorción.
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Aves de corral (pollo, pavo): Aportan buenas cantidades de zinc, especialmente en las partes más oscuras.
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Pescados y mariscos: Cangrejo, langosta y otros moluscos también son ricos en este mineral.
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Huevos: Aunque en menor proporción, siguen siendo una fuente útil.
De origen vegetal (con menor absorción):
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Legumbres: Garbanzos, lentejas y frijoles contienen cantidades moderadas de zinc, aunque su absorción puede verse reducida por los fitatos presentes en estos alimentos.
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Frutos secos y semillas: Semillas de calabaza, sésamo, chía, y nueces de Brasil tienen un buen contenido de zinc.
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Cereales integrales: Avena, arroz integral, trigo sarraceno y quinoa lo contienen, aunque también con limitaciones en la biodisponibilidad.
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Setas y champiñones: Algunas variedades como los shiitake aportan cantidades útiles.
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Chocolate negro: También contiene zinc, aunque suele ir acompañado de azúcar y grasas.
Para mejorar la absorción del zinc de origen vegetal, es útil remojar, fermentar o germinar las legumbres y los granos, ya que estos procesos reducen los antinutrientes como los fitatos.
En personas con necesidades aumentadas —como los niños, embarazadas, adultos mayores, personas con enfermedad celíaca, enfermedades inflamatorias intestinales o dietas vegetarianas estrictas— puede ser recomendable vigilar el nivel de zinc y, en caso necesario, considerar la suplementación bajo supervisión médica.
Mantener un buen nivel de zinc es esencial para una salud robusta y un metabolismo equilibrado, especialmente en situaciones que comprometen la absorción intestinal o aumentan las demandas del organismo.
La celiaquía no impide llevar una vida plena y saludable, pero sí exige atención y educación constante. Con una dieta equilibrada, variada y bien planificada, complementada cuando es necesario con suplementos específicos, las personas celíacas pueden corregir sus deficiencias nutricionales, recuperar la salud intestinal y proteger su bienestar a largo plazo. Lo más importante es comprender que comer sin gluten no es suficiente: comer bien es el verdadero objetivo.
