Faltan unos días para que se conmemore el Día Mundial sin Tabaco 2018, una jornada que este año quiere hacer hincapié en la prevención con el lema «Tabaco y cardiopatías». Se estima que el tabaco causa más de dos millones de muertes por enfermedades cardiovasculares cada año (enfermedad vascular periférica, accidente cerebrovascular y desarrollo de enfermedad coronaria). De ahí la importancia de desarrollar campañas que lleguen a toda la sociedad para prevenir su consumo, sobre todo en adolescentes, y para desenganchar de esta droga a la población mayor de 50 años, muy especialmente, época en la que con más frecuencia se empiezan a diagnosticar enfermedades cuya causa subyacente es el tabaco.

Día Mundial sin Tabaco 2018: “El tabaco rompe corazones”, el lema del año 2018.

Día Mundial sin Tabaco 2018: cigarros que enferman

Otra cuestión muy significativa y que sigue perdurando sin darle demasiada importancia es la exposición al humo ajeno (fumadores pasivos) en bebés y niños, e incluso en ancianos. Es fácil salir a la calle y encontrar muchos ejemplos de ello: padres, madres, abuelos o abuelas que sin ningún tipo de miramiento se permiten fumar “pegados” a sus hijos/as o nietos/as. Otro claro ejemplo es el uso de tabaco en coches u hogares, estudios científicos demuestran lo particularmente grave de esta situación. Y es que el tabaco es una droga que si no se controla, puede cambiar la salud de nuestros seres más queridos, porque el síndrome de abstinencia es mucho más fuerte que la voluntad de muchos fumadores, arriesgando así la vida de los que están a su lado.

Esto se debe a la capacidad de la nicotina y otras sustancias que lleva el tabaco para proporcionar una adicción mayor, además de no estar reguladas por la legislación. Muchas de ellas se consideran cancerígenas o carcinogénicas, por lo que no solo se dañan los pulmones y el corazón, sino que sus consecuencias pueden afectar a cualquier parte del organismo. El problema reside en que no se sabe la capacidad mutagénica en el cuerpo del cóctel de sustancias tóxicas, es decir, se ha podido estudiar alguna sustancia en concreto, pero no el daño de varias juntas que aumenta de forma exponencial el peligro de enfermar.

Cada cigarrillo te quita 11 minutos de vida según apunta un estudio de British Medical Journal.

Un ejemplo de ello son el isopreno, el crotonaldehído, el tolueno,  la hidroquinona y la cotinina; sustancias en particular nocivas que contienen muchas marcas de cigarrillos conocidas. Nos tendremos que quedar con la afirmación de María Isabel Beltrán, investigadora de la Universidad de Alicante quien ha realizado un estudio en compañía de otros compañeros del centro sobre 10 marcas de tabaco convencionales de venta en España: “De los más de tres mil compuestos que lleva el tabaco hay otros mucho peores, como el cianuro de hidrógeno, el 1,3-butadieno o algunos de las familias de los aldehídos, las nitrosaminas y los fenoles”.

También hay que tener en cuenta el tipo de hojas de tabaco que se consumen, ya que la mayoría lleva fertilizantes fosfatados de carácter químico, usados durante el crecimiento de la planta con efectos radioactivos en el ser humano, ya que contienen uranio (el famoso Po210 con el que ex teniente coronel de la KGB Alexander Livtinenko fue asesinado). Está claro que la industria tabacalera ha sabido como adueñarse de la mente de los seres humanos introduciendo este tipo de sustancias tóxicas en el organismo mediante el acto de fumar.

Las hojas del tabaco contienen uranio en pequeñas proporciones.

Si después de leer estas líneas sigues teniendo la idea de seguir fumando, ahora viene lo mejor: según el doctor José Miguel Rodríguez González-Moro, neumólogo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y presidente de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (NEUMOMADRID) fumar puede acortar la vida de las personas fumadoras alrededor de 14 años. Por eso, dejar de fumar tiene muchos más beneficios: ¡si te gusta la vida, no te la acortes!

A ello hay que sumar los problemas ambientales que genera la industria tabacalera, como la deforestación de cientos de kilómetros de selvas para plantar monocultivos de tabaco que perjudican el medio ambiente con la utilización de pesticidas y fertilizantes químicos alterando los ecosistemas, repercutiendo a su vez en la propia biodiversidad.