La Reserva Natural de Barba Azul en Bolivia contiene numerosas islas forestales que habían sufrido una gran degradación. Gracias aun ambicioso proyecto, se ha podido restaurar estos espacios naturales que funcionan como ecosistemas para muchas especies animales y vegetales.

Este sitio paradisiaco es un santuario para aves como el guacamayo de garganta azul, que se encuentra en peligro crítico por la desaparición de su hábitat, y por la dichosa manía de los humanos de querer tener uno en su hogar. Después de décadas cazando a estos indefensos animales, su población ha llegado a un punto arriesgado para su supervivencia.

Reserva Natural de Barba Azul

El guacamayo de garganta azul es originario de los Llanos de Moxos en Bolivia.

Imagen de H.Zell

Palmeras Motacú, imprescindibles para la vida de la Reserva Natural de Barba Azul

Uno de los árboles más representativos es la palmera Motacú, y también uno de los  más longevos, ya que la mayoría tienen entre 60 y 90 años de edad, por lo que estaba previsto su derrumbe en unos cuantos años. De ahí, el interés por plantar una nueva generación de palmeras (700) que sirvan de refugio para esa cantidad de seres vivos que allí habitan.

Otro problema que ha causado un gran impacto en el paisaje es el pastoreo del ganado. Los animales preferían estas islas porque podían encontrar sombra en las horas más calurosas del día, y además protección durante la noche y la llegada del frío, eso sin contar con que podían tener sus patas secas durante mucho más tiempo, que cuando llegaba la época de lluvias. Así no resultaban dañadas y podían seguir hacer su vida normal.

Reserva Natural de Barba Azul

Isla forestal del río Tiniji en la Reserva Natural de Barba Azul (Bolivia). © Asociación Armonía.

Para que las siete islas estuvieran protegidas del impacto del ganado se han tenido que colocar 2,5 km de cercas “amigables” con la vida silvestre”. De esta manera pueden saltar o arrastrarse por debajo los animales que puedan hacerlo al no tener ningún obstáculo dañino, pero impide el tránsito del ganado con dos alambres con púas.

Al excavar en el terreno se dieron cuenta que por la presión del pisoteo del ganado se había compactado el suelo los primeros 5 cm, por lo que no podía crecer ni desarrollarse ninguna planta, afirma Tjalle Boorsma, gerente de la reserva natural de Barba Azul.

Reserva Natural de Barba Azul

Una palmera Motacú típica de la Reserva Natural de Barba Azul en Bolivia.

Imagen de Jean-Luc Ancey

Pero el mejor descubrimiento fue, que la tierra negra y húmeda que había debajo estaba llena de nutrientes, aunque hubo un problema mayor que estaba asolando a las palmeras Motacú, las higueras parasitarias que crecían alrededor de ellas. Les quitaban el agua y la luz del sol, por eso se decidió que habría que dejar espacio para que los nuevos plantones crecieran fuertes y sanos sin ninguna problemática, para que los guacamayos pudieran comer sus frutas.

Aunque la Asociación Armonía que ha llevado a cabo este proyecto con la colaboración de WLT, quiere seguir expandiendo esta restauración al resto de las islas forestales, son 13 en total. Por ello, se espera comenzar pronto con las cuatro islas que quedan en la zona Norte.

 

Este lugar situado entre varias fronteras en el que se concentra el humedal más grande del mundo, los Llanos de Moxos, forma parte de los lugares RAMSAR.