Una pardela balear (Puffinus mauretanicus) de más de 30 años de edad ha sido localizada en la colonia de Sa Cella, en Mallorca, donde ha estado incubando, junto a un macho, a un pollo en un estado de salud óptimo. Este ejemplar fue anillado el 16 de junio de 1986, cuando era tan solo un pollo, en una de las primeras campañas de anillamiento del Grup Balear d’Ornitologia (GOB).

Sa Cella es una gran cueva ubicada al pie de un acantilado de 248 metros de altura, en el suroeste de Mallorca. La boca de entrada se encuentra a nivel del mar y su forma recuerda una gran ceja (“cella” en catalán). La pardela balear nidifica en el interior, en la zona más seca y cuyo suelo está compuesto de un sedimento blando que permite a estas aves excavar una hura o pequeña depresión.

Una pardela balear en pleno vuelo. (© Pep Arcos – SEO/BirdLife)

Un único pollo por pareja reproductora

La mayoría de los nidos están lejos de la entrada, en zonas de la cueva donde no llega la luz. Sa Cella es inaccesible a los depredadores y es un lugar muy seguro para las pardelas. Aun así, los estudios demográficos basados en datos de esta colonia indican que se da una alta mortalidad adulta, por lo que la población decrece un 14% cada año. Por tanto, la hazaña de este ejemplar tan longevo adquiere una mayor magnitud.

Las parejas de esta ave se turnan para incubar a su único huevo. Una vez ha nacido el pollo, realizan viajes de alimentación a varios cientos de kilómetros de distancia. Este nuevo ejemplar de pardela balear, que goza de una salud estupenda, se espera que abandone la colonia durante el mes de julio, rumbo al Océano Atlántico.

Las pardelas tienen un solo pollo pero se afanan en criarlo. (Imagen de Marco Nunes – Flickr).

La longevidad de las aves marinas

El caso de esta pardela, si bien no es común, tampoco es único, ya que las aves marinas son muy longevas. El récord de longevidad lo ostenta Wisdom, una hembra de albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) anillada en 1956 en el atolón de Midway. Probablemente, su edad real sea como mínimo de 65 años, ya que los albatros no suelen regresar a las colonias durante los primeros 5 años de vida y fue anillada ya como adulta. El récord entre las pardelas lo tiene una pichoneta (Puffinus puffinus) de más de 50 años, anillada y recapturada en la isla de Bardsey, en Gales.

En las Islas Baleares se tiene constancia de que las pardelas son longevas, con varias recapturas de más de 10 años. Sin embargo, la falta de anillamientos sistemáticos previos a 1985 hace difícil la posibilidad de constatar aves más longevas, si bien es esperable que la pardela balear pueda alcanzar edades equiparables a las de la pardela pichoneta, algo que, con suerte, descubriremos en las próximas décadas.

Se espera que las pardelas baleares vivan hasta 50 años. (Imagen de Jofre Ferrer – Flickr)

Amenazas de la pardela balear

Un reciente estudio realizado con las aves de la colonia Sa Cella, en el que ha participado SEO/BirdLife, concluye que la actual tasa de mortalidad “no natural” de la pardela balear es insostenible. Cada año, la población se reduce aproximadamente un 14% y, si esta tasa de declive no se corrige, la especie podría desaparecer en 60 años. Las capturas accidentales en artes de pesca, relacionadas con el 45% de la mortalidad adulta, son la principal causa de la baja supervivencia adulta y juvenil.

La mortalidad no natural detectada en las aves de Sa Cella solamente estaba relacionada con las capturas accidentales, ya que no había depredación por especies invasoras. La situación en otras colonias, como Formentera, podría ser mucho peor, ya que también deben enfrentarse a la depredación, sobre todo de gatos asilvestrados.

Las capturas accesorias pueden acabar con la pardela balear. (Imagen de Birdwatching Barcelona – Flickr).

La pardela balear es la única especie nativa de Europa que se encuentra en la categoría de amenaza de en peligro crítico (CR), de acuerdo a los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Con ello, pasa a ser el ave más amenazada de Europa, un dudoso privilegio para España y, más concretamente, para las islas Baleares, su único enclave de reproducción.