desperdicio-de-alimentosUn nuevo informe de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU (FAO), publicado recientemente, advierte que 1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente, no sólo provoca grandes pérdidas económicas, sino también un grave daño a los recursos naturales de los que la humanidad depende para alimentarse.

Según el estudio, se estima que los residuos de comida generados en el mundo, producen más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, después de EEUU y China. El estudio tiene en cuenta la energía, el agua y los productos químicos utilizados tanto para producir los alimentos y disponer de ella – un total aproximado de 3,3 mil millones de toneladas de dióxido de carbono cada año.

¿Por qué desperdiciamos tanta comida?

En los países industrializados, más de un tercio de la comida termina en la basura, la mayoría de ellos por que se compra demasiada comida. En los países en desarrollo, el problema no es que las personas tienen más comida que pueden comer – es que carecen de instalaciones adecuadas de almacenamiento de alimentos debido a las técnicas agrícolas ineficientes.

Con la población mundial sigue aumentando año tras año, disminuirá los desechos de alimentos, no sólo reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que podría ayudar a prevenir las escaseces de alimentos en las próximas décadas.

Además de estos impactos ambientales, las consecuencias económicas directas del desperdicio de alimentos (sin contar pescado y marisco) alcanzan la cantidad de 750 000 millones de dólares anuales, según los cálculos del informe de la FAO.

“Todos nosotros -agricultores y pescadores, procesadores de alimentos y supermercados, gobiernos locales y nacionales, consumidores particulares- debemos hacer cambios en todos los eslabones de la cadena alimentaria humana para evitar en primer lugar que ocurra el desperdicio de alimentos, y reutilizar o reciclar cuando no podamos impedirlo”, aseguró el Director General de FAO, José Graziano da Silva.

“Simplemente -añadió- no podemos permitir que un tercio de todos los alimentos que producimos se pierda o desperdicie debido a prácticas inadecuadas, cuando 870 millones de personas pasan hambre todos los días”.

Junto con el el nuevo estudio, la FAO también ha publicado un “conjunto de herramientas con recomendaciones sobre cómo puede reducirse la pérdida y el desperdicio de alimentos en cada una de las etapas de la cadena alimentaria.

Piensa y Consume con cabeza

El PNUMA y la FAO son los socios fundadores de la campaña Piensa. Aliméntate. Ahorra. Reduce tu huella alimentaria” que fue lanzada a principios de año y que trata de concienciar a la población para ser más responsables a la hora de consumir alimentos, comprando menos cantidad, de este modo evitaríamos tirar a la basura tantos productos caducados, una de las maneras más sencillas de cuidar el medio ambiente.

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Los efectos de los residuos alimentarios

  • Hay cerca de 6 millones de niños en el mundo que se mueren de hambre cada año.
  • Cada año se pierde o se desecha aproximadamente un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano, unos 1.300 millones de toneladas.
  • Grandes supermercados y restaurantes de todo el mundo se deshacen cada día de alimentos que sólo presentan faltas en el envoltorio o que están cerca de caducarse pero que podrían ser consumidos.
  • Los consumidores de los países ricos malgastan prácticamente la misma cantidad de comida (222 millones de toneladas) que la producción neta de alimentos del África Subsahariana (230 millones de toneladas).
  • La pérdida y desperdicio de alimentos suponen además un importante gasto de agua, tierra, trabajo y capital que inevitablemente favorece el efecto invernadero y por tanto, el calentamiento global y el cambio climático.
  • En países en vías de desarrollo, la mayor parte de los desechos y pérdidas se producen en la primera fase de la producción, estos podrían ser controlados con técnicas de gestión y financieras que mejoren el almacenamiento y conservación de los alimentos. Reforzar ese proceso a través de la ayuda a granjeros, inversiones en infraestructuras y transporte ayudaría a reducir los alimentos que se pierden y se desechan.
  • En países con nivel de ingresos medio o alto, la mayor parte de los desechos tienen lugar en la fase final del proceso productivo. Los consumidores juegan un papel importante en estos países a la hora de generar desperdicios. Además, un estudio mostró la falta de coordinación entre los distintos actores de la producción de alimentos. Acuerdos entre granjeros y productores podrían ayudar a mejorar esa situación. Por otra parte, una mayor conciencia en la industria, el comercio y los consumidores y el aprovechamiento de esa comida que más tarde es desperdiciada, ayudarían a reducir las pérdidas y desechos alimenticios.
  • Cada año se producen desembarques de entre 100 y 130 toneladas de pescado, de los cuales 30 millones de toneladas son descartados.
  • En Estados Unidos se desechan cada año un 30% de todos los alimentos producidos, lo que supone un valor de 48,3 billones de dólares (32,5 billones de euros). Se calcula que la mitad del agua empleada para la producción de esos alimentos también es desperdiciada. (Jones, 2004 cited in Lundqvist et al., 2008).
  • Los desechos generados por una familia en el Reino Unido alcanzan los 6,7 millones de toneladas al año, alrededor de un tercio de los 21,7 millones de toneladas compradas. Esto significa que aproximadamente un 32% de los alimentos que se compran cada año no se consumen. Las autoridades se incautan una gran parte de estos (5.9 millones de toneladas o un 88%). La mayor parte de los desechos alimenticios (4,1 millones de toneladas o un 61%) podrían haberse evitado y haberse comido si hubiesen sido mejor gestionados. (WRAP, 2008; Knight and Davis, 2007).
  • El desecho de materias orgánicas en Estados Unidos es el segundo componente más abundante de los vertederos, que son a su vez la principal fuente de emisión de gas metano.
  • La producción global de alimentos ocupa un 25% de la superficie habitable, un 70% de consumo de agua, un 80% de deforestación y un 30% de gases. Es, por tanto, uno de las actividades que más afectan a la pérdida de biodiversidad y a los cambios en el uso del suelo.