Todos sabemos lo importante que es una buena nutrición para llevar una vida saludable, pero esta premisa se transforma en algo primordial para la mujer embarazada, ya que no sólo tiene que alimentar su propio cuerpo, sino el de su futuro bebé. Teniendo esto en cuenta, deberíamos ser más conscientes de lo que introducimos en nuestro organismo como alimento. Actualmente, gracias a evolución de la ciencia comprendemos que para dar a luz un bebé sano es necesario que confluyan varios factores positivos intrínsecos y extrínsecos a la gestante. Dentro de los primeros y uno de los principales son los factores genéticos. Éstos nos predisponen a sufrir determinadas enfermedades o a no hacerlo, siendo de relevancia los hereditarios. Pero, también es sabido que todas estos análisis llevados a cabo por los investigadores pueden desbaratarse simplemente por determinados factores extrínsecos, ¿por qué?, porque la mayoría de las enfermedades que vamos a tener a lo largo de nuestra vida están causadas por factores ambientales o externos. En el caso de los riesgos que puede sufrir una embarazada y su feto  esto se cuadruplicaría exponencialmente según las costumbres o hábitos que practique. Ahí es nada.

embarazo La alimentación en la embarazada

La genética toxicológica analiza la acción de un grupo de agentes tóxicos que son capaces de interactuar con el material genético de los organismos, es decir,  los efectos que las toxinas ambientales producen sobre la integridad genética de los seres vivos. Se ha estudiado que vitaminas como la A, C, E, y los betacarotenos, que son cofactores que atrapan radicales libres, protegen a los individuos en contra de los efectos nocivos de los radicales libres. Por ejemplo,  el tocoferol o vitamina E puede impedir la formación de nitrosaminas, atrapa-radicales libres; la vitamina C y los beta-carotenos, y la vitamina A inhiben la formación de tumores.

El útero materno se convierte en un lugar de protección y abrigo para el futuro bebé, pero por desgracia, en la realidad esto no sucede así. En el mundo en que vivimos estamos rodeados de miles de compuestos tóxicos que penetran en nuestro cuerpo de multitud de formas, ya sea por la respiración, através de nuestra piel o por la alimentación.

La mujer preñada está expuesta a estos contaminantes químicos medioambientales que se acumulan en su tejido adiposo, y una parte de estos residuos puede pasar al feto atravesando la placenta durante el embarazo, y más tarde, durante la lactancia, al bebé.

Algunos estudios la relacionan con las alteraciones del sistema reproductor y con el comportamiento de los niños, especialmente si la exposición ha ocurrido durante el desarrollo del embrión o el feto.

Se ha relacionado la contaminación con organoclorados y otros metales con retraso en el crecimiento intrauterino, prematuridad, retraso en el crecimiento postnatal, alteraciones en el neurodesarrollo y en la conducta.

Los retardantes de llama en plásticos y espumas que se usaron en los años 80, aún siguen presentes en el aire. Los ftalatos y los fenoles, están en multitud de artículos que habitualmente todos compramos. Son usados para fabricar plásticos duros y resistentes, y los podemos encontrar en productos de higiene personal, pero también en juguetes, alimentos, bebidas, etc.

El agua se contamina cuando existen cantidades elevadas de nitratos, fluoruros, hidrocarburos, metales pesados, detergentes y pesticidas, De entre estos últimos sobresale el clorobenzilato, que es empleado como pesticida en los cultivos de cítricos, y es un potente carcinógeno humano.

feto La alimentación en la embarazada

El retraso en el crecimiento intrauterino es una respuesta a un ambiente prenatal adverso y se asocia a un retardo en el neurodesarrollo y a problemas de crecimiento durante la infancia, así como un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y síndrome metabólico en la etapa adulta

Entre estas sustancias tóxicas, encontramos a unas muy peligrosas para la salud: los metales pesados. Los podemos encontrar en cantidades inimaginables en la atmósfera de las zonas urbanas. Estos poseen un efecto genotóxico muy claro. Arsénico, Cadmio, Cromo, Níquel y Plomo son mutagénicos (causa muaciones en el ADN de las células) se comportan como hormonas y  perjudican el desarrollo reproductivo y hormonal de la persona. Son los disruptores endocrinos. Además, se han relacionado muy claramente con la aparición de diversos tipos de cáncer o sarcomas. El mercurio tiende a acumularse en la cadena alimenticia, en especial en los pescados grandes y provoca un desarrollo cognitivo no adecuado. Según la OMS el plomo en el aire, el mercurio en los alimentos, así como otras sustancias químicas, pueden tener efectos a largo plazo, a menudo irreversibles, como infertilidad, abortos espontáneos y defectos de nacimiento. La exposición de las mujeres a plaguicidas, disolventes y contaminantes orgánicos persistentes pueden afectar a la salud del feto.

Estos tóxicos también podrían favorecer defectos del tubo neural. Se vio que las concentraciones elevadas de algunos de los tóxicos, presentes, por ejemplo, en el humo de los coches, aumentan cinco veces el riesgo de padecer estas malformaciones. También parece haber una asociación entre la dosis de sustancias tóxicas recibidas y el riesgo de malformación, que puede llegar a ser hasta 11 veces superior al normal.

La dieta materna, la lactancia y la nutrición infantil juegan un papel relevante como fuente de exposición a contaminantes, pero también como fuente de elementos protectores frente a los insultos ambientales. Podemos ‘intoxicar’, pero también proteger. Debemos actuar y concienciar de que, con pequeños gestos, podemos limitar la exposición a estas sustancias tóxicas.

Por todas estas razones, las mujeres preñadas deberían vigilar de manera exhaustiva su alimentación y que mejor manera de hacerlo que adquiriendo productos libres de contaminantes, como los que produce la agricultura ecológica. Los campos dónde se cultivan estos alimentos no contienen plaguicidas o herbicidas que puedan contaminar el suelo, y por lo tanto, a toda la cadena alimentaria. El embrión es especialmente susceptible a los efectos nocivos de los plaguicidas, antibióticos, hormonas y cualquier producto químico; por ello, en la despensa de la mujer encinta no deberían faltar frutas y verduras bio; que contienen una mayor concentración de nutrientes, vitaminas y minerales imprescindibles para dar a luz un bebé fuerte. Eso sí, debe procurar que estén bien limpias para que no se contagie de la temida toxoplasmosis.  Esto tendría que tenerlo en cuenta, también cuando consuma carne; esta tendrá que estar bien cocinada.

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El ácido fólico y la vitamina B12 son esenciales para la buena formación del feto y para la matriz de la mamá, por lo que seguramente su médico le recomendará tomar algún suplemento de los mismos. Las proteínas son básicas para la creación de los tejidos y órganos, e indispensables para proteger a nuestro cuerpo contra los anticuerpos; y además, hacen funciones reguladoras y de transporte, entre otros cometidos. Pero, se debe evitar tomar proteínas provenientes de pescados con altas cantidades de mercurio como el pez espada o el atún, y menos crudo; es mejor que se alterne alimentos proteínicos como carne o pollo ecológico, con huevos bio, y si la embarazada es vegana o vegetariana, deberá apuntarse al consumo de derivados de la soja, o a las legumbres con hidratos de carbono, que le proporcionarán un plus de energía. Los frutos secos ecológicos son otra opción más que saludable. Ricos en omega 3 y  6, selenio, zinc, fósforo, vitamina E y la mayoría de las del grupo B; se convierten en “superalimentos” para las embarazadas. Y para rematar la faena, pueden optar por las algas, en especial por la Espirulina que contiene 400% más calcio que la soja, 800% más calcio que la leche fresca, 34 veces más hierro que la espinaca, 3 veces más proteína que el hígado, 20 veces más betacaroteno (provitamina A) que la zanahoria, y más vitamina B12 que el huevo y que cualquier otro alimento.

El calcio tendría que estar muy presente en la mayoría de las comidas de la preñada, este puede provenir de la propia leche ecológica, libre de hormonas y antibióticos, o de sus derivados. Aunque, es conveniente que todos ellos estén pasteurizados. Otra alternativa para las veganas son las leches vegetales como la de soja u otras que contienen suplementos de calcio. Un ingrediente muy recomendado es el sésamo ecológico, que es una fuente poco conocida de calcio, pero también se le puede incluir en la tabla de “superalimentos” por sus numerosas propiedades. Entre ellas,  la lecitina, un lípido emulsionante que facilita la disolución de las grasas en medio acuoso, previniendo el agotamiento nervioso y cerebral. En la sangre mantiene disuelto el colesterol, evitando así su depósito en las paredes arteriales (arteriosclerosis). El sésamo es, junto a la soja, el vegetal más rico en lecitina. Vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra son el resto de cualidades de esta semilla oleaginosa.

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Los hidratos de carbono presentes en los cereales, patatas o legumbres conforman platos primordiales para tener energía en el embarazo, sobre todo teniendo en cuenta esos kilos que se ganan, y que constituyen para nuestro cuerpo un sobreesfuerzo. El cual debe ser compensado con la toma de alimentos más frecuentemente, lo ideal sería cada 4 o 5 horas, y si es posible, consumiendo carbohidratos en todos ellos.

Los azúcares también estarán muy presentes en la dieta de la gestante, también actúan proporcionando vigor, pero deben reducirse en cuanto puede sobrevenir la llamada “diabetes gestacional”. Es recomendable sustituir el azúcar refinado, por otro de caña bio o utilizar miel bio como edulcorante.

Pero, quizás uno de los consejos más importantes que tendría que darle a una mujer embarazada, es que consuma gran cantidad de líquidos, agua fundamentalmente; aunque es posible sustituirla por zumos, si son naturales, mejor que mejor, pero hechos en casa. Si los toma fuera de casa, debe de optar por los pasteurizados.

Cafeína y alcohol son sustancias prohibidas por los múltiples inconvenientes que pueden generar en el  feto. Según los expertos, existen estudios que afirman que el alto consumo de cafeína durante el embarazo puede aumentar el doble, el riesgo de aborto espontáneo, de parto prematuro, de retardo en el crecimiento intrauterino del feto, de bebés con bajo peso. La cafeína puede cruzar fácilmente la barrera placentaria e influenciar en el crecimiento y desarrollo de las células del feto, pudiendo alterar su oxígeno y el flujo de la sangre, y hacer que el bebé nazca con alguna anormalidad. En lo que se refiere al alcohol, la consecuencia más grave durante el embarazo es el síndrome de alcohol fetal (SAF). Se trata de un trastorno permanente caracterizado por desarrollo pobre (en el útero, después del nacimiento o ambas cosas), rasgos faciales anormales y daños en el sistema nervioso central.

Teniendo en cuenta, todos estos consejos, lo deseable sería que la mayoría de los alimentos que ingiriese la mujer embarazada fueran certificados ecológicamente, para así asegurarse de que las posibilidades de engendrar un bebé sano y fuerte, sean superiores las que podría tener otra mamá que se alimenta con productos convencionales expuestos a multitud de contaminantes; y si encima mantiene desde antes del embarazo unos hábitos saludables, puede tener un embarazo y un parto seguros y felices.